Gestionando conocimientos: juntos se llega más lejos

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En el descanso nos vamos a tomar un cortado y el bocata al bar. A veces comentamos las noticias, anécdotas y cuestiones de trabajo que nos traen de cabeza. Alguien pregunta cómo hacer unas fotocopias a doble cara y otro compañero se ofrece a explicárselo en cuanto regresemos.

Se podría decir, que entre información, datos, noticias, etc también distinguimos conocimientos. Y de éstos, algunos resultan verdaderamente importantes para nuestra empresa por lo que se hace necesario gestionarlos.

Imaginemos que el tema de la fotocopiadora es muy importante para nuestra organización. Y nuestro gerente se ofrece para recopilar lo que varios compañeros sabíamos, lo sintetiza y esquematiza de manera sencilla y muy intuitiva. Incluye desde las ampliaciones hasta el escaneo. Y de esta manera, varias de las tareas más comunes se encuentran ahora en un documento colocado en la pared sobre la máquina.

Salvando las distancias, podría decirse que se han dado varios pasos desde que se identificaran los conocimientos importantes y se gestionaran, ahora se conservan actualizados y resultan de fácil accesibilidad y difusión. Este último punto es importante si queremos tener éxito. A mayor escala, como en el caso de una intranet, se puede afirmar que si resulta complicado hacer aportaciones o acceder a los temas, acabará como muchos iconos de acceso directo, olvidados en un rincón de nuestro escritorio. Tampoco se trata de confundir redes sociales corporativas con espacios dedicados al chateo o al cotilleo dentro de la empresa ya que no es su finalidad. Ni crear herramientas puramente administrativas o que funcionen como meros repositorios.

Pero para que todo esto ocurra es necesario contar con una organización flexible. Porque una empresa de corte rígido no será capaz de responder a tiempo a los cambios derivados de la generación de conocimientos que se comparten y se mejoran. Se necesita visión de futuro y cultura, mucha cultura organizacional dirigida eliminar los miedos a compartir y fomentar el aprendizaje. La apuesta tiene que ser firme y contar con recursos así como el apoyo de la dirección y la participación de los/as trabajadores/as.

Siendo cortoplacistas podemos decir que gracias a la gestión de esos conocimientos pueden solucionarse problemas, prevenirse o evitarse. Pero cuando hablamos de invertir realmente en este tema, lo que estamos diciendo es que además queremos probar, aprender, equivocarnos, cuestionar y mejorar. Estamos apostando por un entorno laboral en constante ebullición de ideas.

Dificultades encontraremos muchas. Baste nombrar el conocido recelo de muchas personas a compartir lo que saben para “seguir siendo imprescindibles” o para evitar que otros progresen gracias a sus aportaciones. Las trabas a la hora de aceptar que tener un puesto de trabajo no significa dejar de formarse o aferrarse a las viejas técnicas porque son las que nos permiten sacar adelante los “para ayer” o porque fueron ésas las condiciones en las que fuimos contratados. Muchos miedos a lo nuevo, a equivocarnos, a los costes y plazos, etc al final nos llevan al inmovilismo para asegurar resultados basados en la experiencia previa ¿es eso lo que queremos para nuestra organización?.Acaso ¿no resulta poco realista observando el entorno en el que vivimos? 

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Trabajador/a y pobre

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Mientras leo las últimas noticias sobre el creciente fenómeno de los trabajadores pobres termino de encajar el concepto. Pertenezco a una de esas generaciones que asociaba trabajo con prosperidad, con la posibilidad de cierta independencia y el logro de algunos objetivos vitales en un plazo humanamente posible. Este último mito, cayó cuando asomé la nariz al agujero negro de las hipotecas.

No porque algo se normalice significa que sea normal.

Realizando Orientación e Intermediación Laboral observas las líneas que deja la precariedad en el documento de Vida Laboral de la mayoría de usuarios. Y entiendes que además, se rechacen ofertas de empleo porque resultan inviables para el/la trabajador/a. Yo lo que quiero es trabajar —me dice un señor que ha sido albañil toda su vida— no regalar —mientras lee una oferta para realizar un trabajo de rehabilitación de fachadas por el que tendría que darse de alta como autónomo durante varios meses. Por otro lado, podría dar miles de ejemplos basados en mi experiencia, en los que las ayudas públicas han acabado fomentando el inmovilismo y un absurdo y sobrevalorado ego sobre los derechos propios y las obligaciones ajenas.

Según la fundación Foessa de Cáritas el porcentaje de trabajadores pobres es del 14,8%, lo hemos visto estos días publicado en prensa. Pero ya en mayo, advertía la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que el 9,9% de los trabajadores por cuenta ajena se encuentra en esta situación, mientras que en el caso de los autónomos el porcentaje llega al 25,5%. Algunas de las propuestas para afrontar esta lamentable realidad apuntan a la revisión de las prestaciones y ayudas y a la política fiscal para que presione más a quienes ingresan más.

Ésta es una cuestión muy compleja y en la que intervienen numerosos interlocutores. La casuística es tan variada y amplia que es difícil dar respuestas. Y lo único cierto es que la economía puede estar creciendo pero la calidad de vida no. Que cada vez nos acercamos más a los extremos de la pobreza y la riqueza y que en un futuro no muy lejano, me veo realizando orientación e intermediación laboral con trabajadores ocupados.