Como el primer día no, pero casi

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Buscar trabajo es una constante para muchos de nosotros. En ocasiones pienso que si lo incluyera en mi currículum, el tiempo acumulado de “experiencia en el puesto” podría rivalizar con algún que otro rol profesional que he ejercido.

Como rendirse sólo asegura el fracaso, uno continúa con mayor o menor entusiasmo según pasan los meses. Luego, un día, por fin logra la entrevista que le vuelve a situar en la cima de la ilusión. Pero, ¿por cuánto tiempo? ¿cuándo comenzamos a pensar que quizás no era para tanto? ¿nos equivocamos creyendo que era el trabajo que nos gustaba y encajaba con nuestro perfil?.

El concepto de Adaptación Hedonista viene a decir que a lo bueno, nos acostumbramos rápido y por tanto, después de aquella emoción del primer momento, comenzamos a asumirlo como algo normal. Lo mismo nos vale para el móvil nuevo que tanta ilusión nos generaba y al cabo de unas semanas miramos sin más entusiasmo, como aquel título que vaticinábamos nos cambiaría la vida y que sin embargo, una vez logramos, poco a poco se disipa en nuestro currículum y nuestra memoria como uno más.

Evidentemente, las expectativas y cierto efecto de tolerancia también acompañan a este concepto. No obstante, las viejas recetas, esas que todos conocemos, parecen ser las más efectivas para no acomodarnos. Perder conciencia del reconocimiento de nuestros logros por más sencillos o antiguos que ahora parezcan, nos hace un flaco favor. Sí, logré pasar las entrevista y ser seleccionado para ese puesto con el que soñaba. Sí, por fin me compré el coche que tanta ilusión me hacía tener. Sí, aprobé el examen y obtuve el título que tanto deseaba. Que no se nos olvide. Que no se nos olvide tampoco que si algunos de esos elementos desapareciera de nuestra vida: si nos despidieran mañana. Nos sentiríamos profundamente desconsolados.

Por supuesto que sería imposible despertar cada mañana con la emoción del primer día de trabajo o la de estrenar coche. Y no creo que fuera ni tan siquiera sano. Aunque no está de más llevar a cabo pequeñas variaciones que impliquen algo nuevo con el fin de reactivar esa ilusión. Investigar formas distintas de realizar ciertas tareas de nuestro puesto, conocer el impacto de nuestro trabajo en otros, etc. Más aún, procurar invertir en experiencias y no en cosas. Darle una vuelta de tuerca a nuestro día a día y generar pequeños detalles de ilusión entre los hitos de felicidad que marcan una vida.

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