Un añito

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Mañana entramos en agosto y hace un año, comenzaba la aventura de escribir un blog sobre una de mis mayores pasiones. Durante este tiempo, he tratado de transmitir mi experiencia y conocimientos sobre distintos aspectos dentro de la Gestión de Personas. Temas que me parecen interesantes o herramientas que considero útiles.

¡Hay tanto por descubrir, aprender y experimentar!

A tod@s l@s que me dedicáis un ratito de lectura, a quienes dan ese me gusta en facebook o me hacen algún comentario, GRACIAS. Lo bueno siempre refuerza y lo menos bueno, enseña a mejorar.

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Toma de decisiones: intuición y datos

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En 2015 un estudio de PwC, reveló que la experiencia y la intuición seguían siendo muy importantes a la hora de tomar decisiones. Y que llevarlas a cabo no dependía sólo de un directivo o responsable ni respondía a un calendario específico. La mayoría de sus decisiones se apoyaban más en la toma de ventaja gracias a una oportunidad específica que en pasos de un plan.

Un estudio realizado por el Harvard Business Review y publicado en julio de 2016 concluía que la aplicación de las mejores prácticas en la toma de decisiones permitía a los directivos lograr los resultados deseados en un 90% de las veces. Sin embargo, y pese a estos datos, también resultó que sólo el 2% de ejecutivos, recurría regularmente a las mejores prácticas para tomar decisiones. Es más, pocas empresas disponen de sistemas para medir y/o mejorar la toma de decisiones.

Lo cierto es que si analizamos nuestro bagaje laboral y nos preguntamos ¿en cuántas empresas hemos conocido la existencia de alguna herramientas objetiva que permitiera medir el grado de éxito o fracaso de las decisiones?¿en cuántas se había documentado el proceso?, la respuesta será una o ninguna.

Con frecuencia, ya sea labor de una persona o de un equipo, en la toma de decisiones suele haber un cierto nivel de presión e incertidumbre debido a la imposibilidad de controlar absolutamente todas las variables. Y ambos aspectos acaban por influir en las decisiones infravalorando los datos y la información de la que disponemos en favor de nuestra intuición.

Puede sorprender que esta manera de gestionar las decisiones sea tan común en los tiempos del Big Data que ofrece un volumen de datos inmenso pero también es cierto que acceder a una abrumadora cantidad de información acaba por colapsarnos e impedirnos discernir qué datos resultan interesantes y cuáles no. De ahí que resulte imprescindible no perder de vista nuestro/s objetivo/s smart. Porque lo fundamental, es que nos hagamos las preguntas adecuadas para manejar tanta información e identificar las herramientas y recursos útiles para lograrlos, modificarlos y pulirlos.

Si habéis visto la película Moneyball (2011) todo esto os resultará familiar. La trama está basada en una historia real sobre la utilización de métodos matemáticos y estadísticos para la gestión de fichajes de un equipo de béisbol en lugar de los tradicionales ojeadores. Los Houston Rockets de la NBA también han empleado una metodología similar y en España ya existen empresas que analizando los datos sobre las variables que intervienen en el futbol, pueden ayudar a la toma de decisiones. Evidentemente, es imposible garantizar el triunfo en todas las competiciones, pero las probabilidades de fracaso se reducen.

Se suele decir que la experiencia es un grado, quizás el eficaz manejo de datos sea otro.

 

 

Cuando los buenos propósitos se convierten en objetivos S.M.A.R.T.

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Mejorar mi relación con los compañeros, apuntarme a alguna formación para reciclarme, dejar de fumar, traerme la comida en lugar de comer por ahí, ir al gimnasio, llamar a fulano o mengano, organizar el archivo, hacer copia de lo que tengo en el ordenador, tomar menos café.

¿Cuántas veces hemos oído estos propósitos?¿cuántas veces han salido de nuestra boca? 

Y ¿qué queremos decir con mejorar mi relación con los compañeros?,¿ cuánto es menos café?, ¿ir al gimnasio este año o el próximo?, algún curso ¿significa cualquier curso?

Ya tenemos argumentos para darnos cuenta de que todos estos ejemplos tienen poco recorrido para nuestra fuerza de voluntad. Necesitamos redefinirlos, es decir, hacerlos S.M.A.R.T.

Este acrónimo viene a reunir las principales características que deberían tener nuestros objetivos. Pero además, y antes de entrar en materia, sería interesante distinguir aquellos que son pequeños retos en el camino, de lo que es el gran objetivo. Porque tener metas a corto y medio plazo, nos hace más constantes, motiva y permite revisar lo hecho y lo pendiente por hacer en orden a modificar, perpetuar o eliminar aspectos que en un principio nos parecieron importantes y que quizás ya no lo sean tanto. Evitemos distraernos con asuntos menores sin perder de vista esa meta final.

Objetivos como dejar de fumar, resultan tan generales y vagos que sentimos alivio al pensar que tarde o temprano nos pondremos a ello. Pero será esto mismo, lo que haga que nuestras probabilidades de éxito sean mínimas ya que no hay reto, no hay plazos, no hay medida de nuestra evolución. En resumen, se trata de un deseo o una buena intención.

Y dicho eso, yo tampoco quiero perderme en disertaciones que me alejen del objetivo de este artículo. Así que recuperando los ejemplos anteriores, nos daremos cuenta que son muy amplios, ciertamente confusos en cuanto al qué, cómo y cuándo y por tanto quizás poco realistas además de difíciles de medir en relación a los resultados.

Un objetivo SMART es:

  • Specific (Específico): concreto, bien definido, sin ambigüedades.
  • Measurable (Medible): cuantificable desde que nos ponemos en marcha.
  • Attainable (Alcanzable): realistas, puede ser logrado ya que disponemos de los recursos, habilidades y/o conocimientos necesarios.
  • Relevant (Relevante): de interés, es una cuestión fundamental, supone un reto no un asunto secundario.
  • Timely (Acotado en el tiempo): con fecha y plazos, específico en sus etapas de realización.

Podríamos decir que nuestro objetivo es la recepción de currículums a través de la página web de la empresa. Pero aplicando los criterios que hemos mencionado, ¿tendría algún sentido?. Imaginemos que además se trata de un objetivo departamental, es bastante probable que cada uno hagamos nuestra interpretación del mismo con la idea de concretar nuestra aportación, pero sin tener certeza de cómo, ni cuándo, ni dónde, ni por qué. En consecuencia, acabará siendo un caos infructuoso y desconcertante.

Otra cosa sería decir que nuestro objetivo es aumentar en un 10% el número de currículums vitae recibidos durante el primer trimestre de 2018 a través de la página web de la empresa. Incluso podríamos delimitar aún más nuestra meta si se tratara de aumentar en un 10% el número de currículums vitae de personas con un alto nivel de inglés acreditado, recibidos durante el primer trimestre de 2018 a través de la página web de la empresa. Cuanto mejor definidos, menos confusiones y ambigüedades. Si además podemos emplear un verbo de acción, más alineado estará ese objetivo con nuestro propósito de llevarlo a cabo.

Sabiendo cómo aplicar estos requisitos, podemos generalizarlos a todo tipo de objetivos, ya sean laborales o personales y valorar los resultados. Este último aspecto es crucial para conocer nuestro grado de éxito, estudiar las causas de las variaciones respeto al objetivo que nos habíamos planteado y buscar soluciones si fuera necesario. Quizás éstas nos obliguen a modificar alguna de las premisas enunciando una nueva fecha o planteando otros recursos.

Lo importante es persistir porque sigue siendo una prioridad con posibilidades reales de lograrse y no una utopía.