Árbol de problemas y SOLUCIONES

 

arbolanaenesimavezUna forma muy visual de analizar una dificultad es a través de un árbol de problemas. De una manera esquemática planteamos la cuestión que nos preocupa, sus causas y efectos.

Imaginemos un negocio de electrodomésticos donde los/as dependientes deben sugerir a los clientes aquellos productos que se pongan de oferta cada dos semanas. Pasados unos meses y reflexionando sobre las cifras de ventas, observamos que ninguno de los electrodomésticos de las diferentes ofertas ha experimentado una importante variación en su stock. Así podríamos concluir que nuestro problema es “Poca/nula salida de productos en promoción”. Y lo situaríamos como el tronco del árbol.

Una de las consecuencias de esta situación es “el estancamiento de los mismos” y otra consecuencia que podríamos añadir, derivada de la anterior, es la “pérdida de valor” a medida que pasa el tiempo y aparecen modelos nuevos. Hasta aquí, algunos de los efectos que situaríamos como ramas.

Pero ¿y las causas del problema? algunas podrían estar en la falta de fluidez de la información entre departamentos ya que algunos/as vendedores/as se lamentan de enterarse de las ofertas por la publicidad y no por sus jefes. Otra podría ser la escasa formación comercial de algunos/as de los/as empleados/as. Estaríamos así ante las raíces de nuestro árbol.

A modo de síntesis:

Primero. Identificaremos el problema sobre el que queremos intervenir (Tronco).

Segundo. Identificar sus efectos (ramas). Pueden ser efectos de primer grado, de segundo grado (derivados de los primeros) y según la profundidad de nuestro análisis, generales o concretos.

Este paso nos obliga a decidir qué efectos son directos e indirectos y por tanto priorizarlos y representarlos según les corresponda en nuestro árbol de problemas.

Tercero. Identificar las causas (raíces) del problema. En principio las posibles causas directas, aunque podemos profundizar y ponderarlas, decidiendo cuáles tienen más peso y cuáles menos. A su vez, igual que en las ramas, deducir cuáles son de primer, segundo o tercer grado.

Ahora viene lo mejor. El árbol de soluciones. Lamento decir que en muchas ocasiones se afirma que para crearlo sólo es necesario enunciar en positivo cada uno de los efectos y causas además del problema central en sí. Pero en mi opinión, esto lo reduce a una mera cuestión de sintaxis y gramática.

En nuestro ejemplo. Si hacemos esa “traducción en positivo” quedaría como sigue:

arbol2anaenesimavez2-e1506274257856.jpg

Convirtiendo los EFECTOS en FINES y las CAUSAS en MEDIOS.

No me parece mal ejercicio esta transformación, pero es necesario reflexionar y analizar las nuevas hojas y raíces. Al salir con fluidez los productos ¿logran valor?. No lo creo. De ahí que sometamos a revisión este árbol. Sobre todo porque al considerar nuestro problema central como objetivo pueden surgir otros medios y fines además de los que ya tenemos. Igualmente, será fundamental priorizar estableciendo qué raíces y qué hojas son las que abordaremos primero.

Sin duda, ambas herramientas pueden resultarnos de gran utilidad y no es necesaria ni una dilatada experiencia ni una vasta formación para ello. Incluso podemos extrapolarlas al ámbito personal o emplearlas para resolver cuestiones más triviales. Desde aquí como siempre, animo a ponerlas a prueba.

 

 

 

 

 

 

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