Para cada solución, un problema

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Nuestra primera reacción ante cualquier iniciativa o propuesta diferente para afrontar una adversidad ¿es el rechazo?¿enseguida le encontramos veinte mil peros a los cambios?¿saltamos a la mesa de nuestro responsable con las frases: “hay un problema con..”, “vamos a tener un problema …”, nada más ser informados?. Alguna vez antes de ese impulso ¿nos hemos parado a pensar bien en la dificultad, plantear posibles soluciones y luego abrir la boca?

En el contexto laboral que nos ha tocado vivir, todavía encontramos personas que continuamente tienen un “no”, un “pero” o expresiones como “no creo que sea posible” o “no lo veo” como parte de su rutina de trabajo con compañeros/as y responsables. Bajo mi punto de vista, un lujo que se merece una reflexión.

Hay varios factores detrás de esta actitud tales como:

  • la propia inseguridad en nuestra capacidad para resolver dificultades,
  • la visión parcial, cortoplacista o individual de la situación,
  • el miedo y la incertidumbre ante escenarios desconocidos,
  • la confusión entre jefe y apagafuegos,
  • la falta de implicación en nuestro trabajo o
  • el deseo de corroborar nuestra visión u opinión con el poco constructivo “ya lo dije yo”.

Acudir a un/a responsable con un goteo de problemas, acabará por hacer que se pregunte qué aportamos realmente a la organización, al departamento o al equipo de trabajo. Lo mismo harán nuestros/as compañeros/as cansados de ser nuestros salvadores.

Irnos al polo opuesto tampoco sirve, el peloteo de toda la vida o esa resignación que acaba siendo un sí a todo sin filtros, tampoco es la respuesta.

En lugar de agotarlos/as obligándoles a afrontar un extra de preocupaciones, actuemos rápido. No podemos trabajar colocándole sistemáticamente lo que no sabemos o no queremos hacer a otros. No nos contratan para generar problemas, ni para comportarnos como víctimas ni para buscar un padre o una madre en un/a responsable. Hay que buscar soluciones. En algunos momentos, ni siquiera la más adecuada o exitosa, sino la menos mala. Cuando hacemos aportaciones en positivo, enriquecemos los distintos puntos de vista colaborando en la búsqueda de la estrategia más adecuada. Mejoramos nuestra imagen y crecemos. Aumentamos nuestro valor dentro de la organización y somos resolutivos.

Alguien que contribuye, construye.

 

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